Sobre nosotros
Todo empezó con nuestro padre y una paellera.
En nuestra familia, que somos unos cuantos (por decirlo suavemente), cualquier celebración parecía una boda. Y en todas había algo que mayores y pequeños esperábamos con las mismas ganas: el arroz de Alito.

De tal palo, tal astilla
Koke creció mirando a Alito.
Koke admiraba profundamente a su padre. Le enseñó a tocar la guitarra. Se hizo vasco de corazón porque Alito era de Vitoria. Y cómo no, también aprendió a hacer su arroz riojano.
Alito se pasaba media mañana pendiente del fuego, y Koke no le quitaba ojo: el sofrito, el caldo, el punto exacto. No hubo recetas escritas ni grandes explicaciones. Aprendió como se aprenden las cosas importantes: mirando a quien admiras.
La familia detrás de Arroces Alito
Un cocinero y su mejor pinche.
Koke puso la receta, el oficio y las ganas. Mochu vio el potencial, empujó el proyecto y se convirtió en ese compañero imprescindible que ordena, organiza y hace que las cosas pasen.
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Alito
El origen de todo
El que sin saberlo dejó sembrada una historia preciosa.
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Koke
El que aprendió mirando
El alma de cada paella que sale de la cocina.
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Mochu
El mejor pinche de Koke
La cabeza pensante, el que ordena, empuja y profesionaliza un sueño.

Y de repente…
De una paellera a siete fogones.
Lo que empezó como unos arroces de fin de semana para los amigos, hoy se mueve entre siete fogones.
La cocina ha cambiado. Las cantidades también. Pero la receta sigue siendo la de su padre.
Quién se lo iba a decir a Alito…
El primero de la carta
El arroz de Alito.
Podríamos haberle puesto un nombre más sofisticado. Pero en casa siempre fue el arroz de Alito.
Verduritas de temporada, longaniza, choricito. El arroz con el que crecimos.
Hoy ocupa el primer lugar de nuestra carta porque no podía ser de otra manera.
14,50 € / ración
Va por ti, Jefe.
Alito se fue en 2013, pero, de alguna manera, sigue estando presente cada vez que encienden los fogones.
Nos gusta imaginarlo viendo todo esto: una cocina con siete fogones y un negocio que lleva su nombre.
Seguro que estará pensando una vez más, como diría él, ¡que la hemos liado parda!

